Timidez y violencia

La inmensa mayoría de las personas tímidas tiende a tener un comportamiento que les mantenga en la sombra, intentando pasar desapercibidos. Sin embargo, hay ocasiones en que la carga de frustración e ira causada por el rechazo (real o imaginario) de los demás, provoca agresividad e importantes trastornos psicológicos. Vamos a exponer los tres tipos de casos más importantes:

  • El prepotente: Para evitar sentirse inseguro ante los demás, este tipo de personas adopta una actitud arrogante y agresiva. Habla en un tono de voz alto, ordena e insulta, desprecia a los demás, invade su espacio de forma amenazante… Su conducta se debe a la creencia de que nadie le criticará ni se burlará de él si consigue imponer el suficiente miedo. Sin embargo, debajo de esa seguridad se esconde una persona insegura y que no es capaz de enfrentarse a alguien que les responda y demuestre no tenerle miedo.
  • El maltratador: La timidez está detrás de algunos de los casos de maltrato que vivimos en nuestra sociedad. Estas personas, inseguras y frustradas, sufren el rechazo y las burlas fuera de su entorno familiar (en el trabajo, con los amigos…). Esto provoca en ellos una gran carga agresiva a la que dan salida en el ambiente en el que se sienten seguros y poderosos (en casa, con su mujer y sus hijos). Paradójicamente, estas personas son muy dependientes de las personas a las que maltratan. Las necesitan de manera obsesiva y enfermiza y sienten terror ante la posibilidad de ser abandonados. Por ello, suelen tener celos enfermizos y son excesivamente controladores.
  • El tímido cínico: Son personas (normalmente adolescentes varones), que se sienten rechazadas por los demás y carecen de habilidades sociales, por lo que se encuentran totalmente aislados. Este aislamiento hace que vayan acumulando agresividad y empiecen a despreciar a los demás, hasta el punto de considerarse el único ser importante enfrentado a todos los demás, a los que ve como enemigos. Muchos de los individuos que han realizado tiroteos en diversos institutos de EEUU y otros países respondían a este perfil.
  • Como hemos comentado al principio del artículo, este tipo de patologías no son comunes y, por lo tanto, no hay que mirar a los tímidos como peligros potenciales o bombas de relojería. Sin embargo, si debería servir de advertencia para toda la sociedad, especialmente para padres y educadores. La mayoría de las veces se ignora a los niños y adolescentes tímidos porque “no molestan”, olvidándose de la tristeza y la soledad que pueden estar sufriendo. Si todos pusiéramos un poco de esfuerzo por entender a estos niños y ayudarles a abrirse, mejoraríamos la vida de muchos de ellos y podríamos evitar que alguno acabe desarrollando uno de estos peligrosos trastornos.

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