Evaluación de la timidez infantil

Tanto los padres como los profesores pueden estar interesados en evaluar el grado de timidez de un niño con el fin de saber si es simplemente un rasgo de personalidad presente sólo en algunas ocasiones y que, por lo tanto, no está causándole problemas graves o si, por el contrario, está afectando gravemente a sus relaciones y su desarrollo personal.

La evaluación de la timidez en los niños presenta la dificultad de que, al ser la mayoría de los síntomas internos (pensamientos y emociones), no podemos detectarlos. La manera más simple de evaluar esos síntomas sería pedirle al niño que nos hablase de ellos pero, precisamente por ser tímidos, tienen dificultades para expresar sus emociones y, además, no son muy dados a conversar ya que se sienten inseguros acerca de lo que pensaremos de ellos.

Por estas razones, hay que buscar otras maneras de conseguir la información que necesitamos. Una de ellas es hablar con otros niños de su edad con los que tenga contacto (hermanos o compañeros), para que nos informen de las veces en las que el niño se siente incómodo y cómo reacciona.

También podemos observarle y llevar un registro de ciertas conductas que señalen su timidez: cuántas veces se le ve solo en el recreo o en el parque, cuántas veces da él algún paso para acercarse a los demás, si tartamudea, tiembla o enrojece al establecer contacto con otras personas, si su nerviosismo es mayor en presencia de niños de su edad o de adultos… Hay que intentar recoger la mayor cantidad de información posible y apuntar todos los detalles que podamos de sus reacciones, el ambiente en que se han dado…

Otra fuente de información es el propio niño. Como hemos dicho, es posible que no sea muy colaborador a la hora de dar información sobre sí mismo, así que hay que buscar otras maneras para que pueda facilitárnosla. Podemos pedirle que apunte las situaciones en las que se pone nervioso, solo o culpable, describiendo qué pasó, con quién estaba, que sintió… Si el niño no es capaz de describirlo, se le puede pedir que dibuje la situación y hable mientras tanto de ella o que la escenifique con muñecos. Al no estar tan pendiente de lo que dice y de nuestras reacciones, es posible que consiga abrirse y explicarse.

También podemos ayudarles con técnicas como dibujar un termómetro que vaya del cero al diez y en el que vaya señalando lo nervioso que se pone en las situaciones que le vayamos diciendo (tener que preguntar en clase, que se le acerquen otros niños, tener que leer en voz alta, acercarse a un grupo para jugar con ellos…)

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