Suele hablarse de personas introvertidas y personas tímidas como si fuese lo mismo. Esto no es así, de hecho hay grandes diferencias que vamos a explicar a continuación:

Introversión:

  • Las personas introvertidas eligen no realizar actividades grupales y dinámicas que les pongan en contacto con el mundo exterior de forma constante. Esto no se debe a que no tengan habilidades para relacionarse con los demás, sino que no les gusta estar en grupos numerosos, sobre todo si son desconocidos. Prefieren los grupos reducidos e íntimos.
  • Las personas introvertidas tienen un mundo interior muy rico y están más pendientes de sus propios sentimientos y pensamientos que de la información del exterior.
  • Estas personas suelen tardar en ganarse la confianza de los demás, se expresan menos y pueden parecer retraídas, por lo que, en muchas ocasiones, se las califica como tímidas. Sin embargo, esto no es así. Al ser una opción elegida por ellos mismos, no les supone sentimientos de inferioridad o frustración, por lo que no tiene consecuencias negativas para su salud psicológica.

Timidez:

  • Las personas tímidas sienten miedo a las situaciones sociales. Les gustaría relacionarse con los demás pero no pueden hacerlo por miedo o porque tienen dificultades para manejarse en sociedad.
  • Esta incapacidad les provoca ansiedad, lo que puede llevarles a evitar los contactos sociales. Si esto se generaliza a muchas situaciones, la persona puede desarrollar un trastorno de fobia social que le lleve al aislamiento. Las personas tímidas irán reduciendo sus contactos sociales, buscando situaciones en las que no tengan que relacionarse. Esto les impide llevar una vida satisfactoria porque deben renunciar a multitud de oportunidades y relaciones que en realidad desearían aprovechar. En los casos más graves el aislamiento puede ser casi total e inhabilitar a la persona para llevar una vida normal.

La diferencia más importante, por tanto, es que la persona introvertida se relaciona poco con los demás porque lo elige, por lo que no le provoca ninguna complicación psicológica. La persona tímida desea relacionarse pero no lo hace porque no puede, lo que le provoca ansiedad, frustración e insatisfacción y puede llevarle a desarrollar graves problemas psicológicos.