Reeducar el carácter para superar la fobia social

En la fobia social, además de las causas genéticas o físicas, intervienen también las conductas aprendidas desde niño. La manera en la que nos enfrentamos a las situaciones sociales determina en gran manera que desarrollemos un carácter tímido.

Las personas tímidas tienen una mayor sensibilidad o miedo al rechazo de los demás, lo cual puede condicionar de entrada el desarrollo de este problema. Ante este posible rechazo, ya desde niños, las personas tímidas experimentan ansiedad, que se muestra a través de sus síntomas fisiológicos (temblores, respiración agitada, taquicardia, enrojecimiento…). Ante esa ansiedad la persona tímida puede elegir escapar de la situación para dejar de sentirla y ahí es donde comienza el problema.

Nuestra mente aprenderá que, una vez nos hemos retirado de la situación social, la ansiedad baja de forma automática, dejando en su lugar una sensación de alivio. Por ello, en la siguiente situación social en la que sintamos ansiedad, nuestra mente nos urgirá a volver a huir. Cuantas más veces hagamos caso de esos deseos de huida, más fuerte será la ansiedad que sintamos y tendremos menos aguante a esas sensaciones desagradables. Si no hacemos nada para cambiarlo, acabaremos por considerar que escapar de las situaciones no es suficiente, ya que nos resultan angustiosas y desagradables en exceso, por lo que tenderemos a evitarlas. Poco a poco y sin darnos cuenta acabaremos evitando cada vez una cantidad mayor de situaciones sociales. Este patrón de comportamiento puede llevarnos al aislamiento completo.

Por ello, lo que una persona tímida debe hacer para salir de esa situación es reeducar su carácter. Lo mismo que ha aprendido esas conductas de escape y evitación, puede aprender respuestas de afrontamiento de las situaciones que teme. En esto se basan muchas de las técnicas psicológicas utilizadas en el tratamiento de la timidez y de otras fobias.

La ansiedad no puede subir hasta el infinito. Digamos que es como una onda: sube, llega a su punto máximo y vuelve a bajar. Por ello, si la persona es capaz de seguir afrontando la situación, al de unos minutos notará que su ansiedad se reduce por sí sola. Si consigue ir enfrentándose a las situaciones progresivamente, notará que la ansiedad que siente en las situaciones sociales es cada vez menor y que sus deseos de huir o evitar a los demás van desapareciendo.

Por supuesto, hay que tener en cuenta que esta reeducación no es fácil. En los primeros afrontamientos nuestra ansiedad puede dispararse a niveles muy altos, ya que nuestro cuerpo y mente desean que escapemos y saben que desatar esos niveles de ansiedad ha dado resultado en ocasiones anteriores. Por ello es importante no ceder y seguir aguantando hasta que la ansiedad desaparezca. De lo contrario, estaríamos enseñando a nuestro cuerpo que, si consigue elevar la ansiedad por encima de lo normal, acabaremos cediendo, con lo que sólo habríamos conseguido empeorar el problema.

Reeducar el carácter requiere constancia, paciencia y sacrificio. Es similar a tratar de educar a un niño con rabietas. Si crees que tu ansiedad es demasiado elevada para poder enfrentarte a las situaciones, puedes practicar ejercicios de relajación que te ayuden a reducirla o planificar un acercamiento progresivo por pequeños pasos a las situaciones temidas. Si no te ves capaz de lograrlo por ti solo, no te preocupes. Acude a cualquier terapeuta profesional que podrá ayudarte a enfrentarte a estas situaciones.

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