Causas psicológicas de la timidez

Las experiencias psicológicas que el niño tenga en sus primeros años de vida pueden predisponerle al desarrollo de una personalidad tímida. Vamos a señalar las causas psicológicas más habituales que influyen en la formación de este trastorno:

  • Autoridad paterna excesiva: Si las reglas son demasiado rígidas y exigentes y se aplica el castigo como método de enseñanza de esas normas, el niño crecerá con miedo a sobrepasarlas y no podrá desarrollar sus habilidades de resolución de problemas, su autonomía y su iniciativa. Como consecuencia no sabrá comportarse fuera del ámbito familiar, en el que no todo está marcado con reglas rígidas, y no podrá relacionarse adecuadamente en el colegio y con sus compañeros. Esto le provocará sentimientos de inferioridad que desembocarán en el desarrollo de una personalidad tímida.
  • Sobreprotección: Unos padres excesivamente pendientes que prohíban a su hijo multitud de conductas para protegerle, estarán también impidiendo el correcto desarrollo de las capacidades, autonomía e independencia del niño. Éste crecerá como un ser dependiente de sus padres, que resuelven todos sus problemas, toman las decisiones por él y le dan todo hecho. Esto hará que el niño no base su autoestima en sí mismo sino en la ayuda de sus padres y, cuando le falte ese apoyo (en la escuela o con los compañeros), se encontrará sin recursos para enfrentarse a los problemas. Esta falta de capacidades y de iniciativa le hará encontrarse en inferioridad, no dejándole otra salida que intentar pasar desapercibido y sentirse inferior.
  • Comparaciones: Las comparaciones de padres y profesores con hermanos o compañeros pueden debilitar la autoestima del niño. Si en las comparaciones siempre sale perdiendo o se le encasilla en un papel, desarrollará un complejo de inferioridad. Por ejemplo, una frase que puede sonar tan inocente como “Este hijo mío saca muy buenas notas pero al otro no se le da nada bien estudiar”, puede hacer que “el otro” se sienta inferior a su hermano. Además, los propios niños realizan comparaciones con los demás en aspectos tan diversos como estudios, habilidad para los deportes, resultar simpático a los demás, quién tiene los mejores juguetes… Sin en esas comparaciones el niño siente que siempre sale perdiendo, su sentimiento de inferioridad irá aumentando.
  • Exigencias excesivas: Si los padres exigen a sus hijos que alcancen metas que están por encima de sus capacidades, los niños se sentirán frustrados y pensarán que no son lo suficientemente buenos para lo que se espera de ellos. Este nivel de exigencia puede darse en muchos campos ya que los padres pueden desear que sus hijos sean brillantes en los estudios, guapos y sociables, excelentes deportistas… Si trasladan esos deseos a sus hijos como lo mínimo que deben conseguir, lo único que lograrán será criar niños frustrados, infelices y tímidos.
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