En la adolescencia es muy importante encontrar un grupo en el que la persona se sienta identificada y aceptada. Ese grupo suele tener gustos y actividades similares, valores comunes e incluso una estética que los identifica.
Para el adolescente tímido encontrar un grupo que lo acepte puede resultar complicado. Dado su miedo al rechazo, no se atreverá a acercarse a ninguno con la esperanza de ser aceptado. En los casos en los que la timidez no resulta demasiado incapacitante, el adolescente tímido puede acabar entrando en alguno de esos grupos a través de algún compañero de clase o amigo con el que tenga confianza.
Una vez dentro, adoptará un rol de seguidor, aceptando como propios los valores, aficiones y estética del grupo sin atreverse nunca a salir de ellos o cuestionarlos. Esto puede hacer que, en algunas ocasiones, por miedo a ser expulsado de ese grupo y creyendo que no será aceptado en ningún otro, el adolescente se encuentre realizando conductas con las que no está de acuerdo o que le resultan incómodas o contrarias a sus valores y sentimientos.
También es posible que sus propios compañeros de grupo, al darse cuenta de la posición de inferioridad en la que se encuentra, se burlen, sean crueles o se aprovechen de él, sabiendo que no se defenderá ni se marchará.
En otros casos, cuando la timidez y el aislamiento son muy acusados, el adolescente puede sentirse incapaz de unirse y encajar en ningún grupo. Esto provocará una sensación de soledad e incapacidad que puede desembocar en episodios depresivos.